Al Pirolo

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Se ganaba la vida pegando palos de poca monta con un grupo de maleantes de Nueva York, hasta que su camino se cruzó con el de nuestros protagonistas durante El caso del bebé de los Whately.

El buen doctor lo hipnotizó, dándole la orden de que se dirigiese a un pueblo de Alaska llamado Cicely, para comenzar una nueva vida. Allí debía preguntar por una tal Susan y decirle que iba de su parte.

En Cicely había una Susan, la dueña de la cafetería del pueblo, pero no había oído jamás hablar de los jugadores. Sin embargo, Al ha iniciado una relación sentimental con ella y de vez en cuando manda postales a los jugadores contándoles lo bien que le van las cosas.

Actualmente no recuerda su pasado delictivo y trabaja como talador en la industria maderera.